Por: Alejandra Ospina  @alejamichaels

Hoy es un día más gris de lo normal; un gris que comparo con los oscuros tiempos que estamos viviendo. Escribo esto con total decepción de mi país, con impotencia y hasta rabia. ¿por qué será que ser joven es tan difícil?

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Hace poco cumplí 21 años y aunque estuve feliz, no me esperaba despertar en la mañana del siguiente día escuchando la palabra “masacre” por todos los medios nacionales. ¡Qué oscura se torna la vida en Colombia! Y es que, si miramos un poquito para atrás, no estamos tan alejados del dolor y la desesperación que trae consigo la muerte.

Dicen que los jóvenes somos el futuro del país, que nosotros tenemos todo a nuestro favor para empezar una nueva Colombia, ¡já! Pero qué desfachatez, qué terrible falacia. A nosotros nos reprimen en las marchas, no nos ofrecen la educación que deberíamos tener, no nos dan la oportunidad de empezar a laborar, nos masacran sin razón aparente. ¿De verdad ese es el futuro que nos espera? ¿vivir con miedo de toparnos con la muerte en cada esquina? Por ejemplo, la principal consigna del actual gobierno durante su campaña para llegar a la presidencia era la de un “líder joven” que nos iba a tener como prioridad; lo más paradójico es que poco a poco hemos entendido que no es así. 

Si bien se adicionó más presupuesto al sector de la educación después del Paro Nacional del 21 de Noviembre del 2019, no es lo suficiente para cubrir la demanda; actualmente son alrededor de 41 billones de pesos, la gran mayoría enfocada a los educadores, quienes hacen posible el funcionamiento del sector educativo. Pero existen problemáticas como la deplorable infraestructura de las universidades públicas; esto desencadena incomodidad y también genera que las aulas y ciertos edificios (como el edificio de artes de la UNAL, el cual está en pésimas condiciones) hagan casi imposible la continuidad de la educación presencial en las aulas. 

El paro nacional del año pasado parece que se nos ha olvidado.
Foto: Colprensa

Podría escribir un montón de fallas del sector educativo que a su vez, está directamente relacionado con la empleabilidad en el país y que como jóvenes nos perjudica directamente. Podría también culpar un millón de veces al gobierno actual y a los tantos pasados que nos trajeron a este punto de incertidumbre, invisibilización a comunidades y territorios enteros en todo el país, y al extremo punto de llorar a los nuestros por muertes injustificadas.

Cortesia: Min.educacion.

¡Ay, cómo me dueles, Colombia! Tu cielo tan azul, tus ríos tan llenos de vida y tus bellezas naturales tan incomparables se tiñen de sangre, el rojo de la bandera cada vez es más y más grande; por los 5 niños de Cali, por los 9 jóvenes de Nariño, por los 3 indígenas de Ricaurte, las 5 personas de El Caracol, los 6 de El Tambo y los 6 de Tumaco, por ellos y por todos quienes alguna vez soñaron un país diferente y no pueden vivir para ver ese cambio. A todos ellos es que dedico estas palabras, porque es un momento de luto nacional y porque nosotros, los que aún tenemos esperanza logremos honrar sus memorias, sembrando paz; podemos avanzar.

Cada vez se hace más difícil vivir en un país con tantos conflictos internos, con tanta polarización y con los millones de problemas de pobreza, guerras, pandillas y un sinfín de acontecimientos que tiñen las verdes praderas del país. Somos la generación que quiere un cambio real, porque el pasado Paro Nacional demostró la potencia que tienen un pueblo emberracado; ojalá seamos cada vez más personas, niños, jóvenes y adultos que quieran ayudar a cambiar el país, que logremos hacer que los presidentes vayan a las comunidades azotadas por la violencia y que no sean los alcaldes de esos lugares quienes viajen horas y horas para reunirse y plantear las problemáticas. Que nos escuchen y se logre un verdadero diálogo entre partes enfrentadas. Si se pudo firmar un acuerdo de paz a un conflicto de casi 50 años necesitamos alguien que se le mida a dar respuestas, a dar soluciones, a pensar primero en su gente, no la de plata con empresas (ellos pueden y tienen como defenderse) sino a la gente pobre, a las comunidades que viven en el olvido y que cada se escucha el nombre de su pueblo es para notificar una masacre o un doloroso acontecimiento. Necesitamos gente que de verdad nos ponga primero a nosotros, a las personas que construyen lo que es un país en realidad.

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