Por: Laura Stefanía León Arroyave @tefa.wants.sushi

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Son las cuatro de la tarde del viernes 15 de mayo de 2015. Es el día del estreno de El abrazo de la serpiente, largometraje colombiano nominado a mejor película extranjera en los premios de la academia. Las taquillas del cine están a reventar, pero no es por este, el único filme colombiano nominado en la historia de los Óscar. En realidad todos vienen a ver Mad Max: furia en el camino, película hollywoodense estrenada el mismo día, de esas que nunca hacen falta en la cartelera y de las que recaudan desde 378.9 millones de dólares como Mad Max hasta 2.797 miles de millones de dólares como el mayor éxito taquillero de 2019, Avengers: End Game.

Es un hecho innegable que la industria del cine colombiano ha tenido una evolución muy notoria en los últimos 20 años. Esta mejoría la podemos evidenciar en las 2 o 3 cintas colombianas que se estrenaban cada año hace dos décadas, con respecto a 2019, año en que se estrenaron 48. También están las nominaciones y premios ganados por películas como El abrazo de la serpiente, Los colores de la montaña o Monos, en diferentes instancias internacionales. Pero la realidad es, que esta no es una industria consolidada por la asfixiante falta de recursos, a raíz del poco interés que genera el cine nacional a los colombianos, con respecto al cine producido por la industria cinematográfica de Hollywood.

 

Pero ¿el cine extranjero tiene influencia en el recaudo del cine nacional?

Según Cristian Argüello, quien hizo parte de la producción de El abrazo de la serpiente -con un recaudo de 3.656 millones de pesos en taquilla y con el récord histórico de 41 semanas continuas de programación en salas en Colombia- , la realidad es que el cine colombiano no tiene los recursos y el apoyo para generar contenidos que llamen la atención del público nacional, el cual está muy sumergido en el producto audiovisual comercial.

 

Actualmente el Ministerio de Cultura tiene políticas que apoyan las producciones audiovisuales nacionales, como la Ley 814 de 2003, la cual estipula que los contribuyentes del impuesto a la renta que realicen inversiones o donaciones a proyectos cinematográficos de producción o coproducción colombianas de largometraje o cortometraje, pueden deducir de su renta el 165% del valor real invertido o donado por el período gravable en que se realice la inversión o donación. También están los incentivos que brinda Proimágenes, el  fondo para el desarrollo cinematográfico. Además, se espera que para lo que queda del periodo presidencial de Iván Duque se fortalezca esta industria en desarrollo, por medio de la implementación de la economía naranja en los sectores de producción creativa del país, entre ellos el cine.

Pero, a pesar de estas alternativas y del buen augurio generalizado sobre el crecimiento de esta industria, la gran verdad es que actualmente el cine colombiano es un gran perdedor en temas de utilidades. Una muestra es el contraste entre la película más taquillera de 2017 en Colombia, Rápidos y furiosos 8,– con un recaudo de 14.177 millones de pesos y con casi 4 millones de espectadores – y la película colombiana más taquillera en ese mismo año, El paseo 4 – que recaudó 5.317 millones de pesos y tuvo un millón y medio de espectadores – lo cual muestra que los largometrajes extranjeros, específicamente estadounidenses, casi triplican las ganancias de los largometrajes colombianos.

Según el medio de entretenimiento virtual, Shock, la causa de esta tendencia de los colombianos se da porque están acostumbrados al cine comercial, con más movimiento y acción, mientras que nuestro cine suele ser más contemplativo, a excepción de comedias como ¿Usted no sabe quién soy yo? y la saga de El paseo de Dago García. Además, está el problema de que el cine colombiano se ha vuelto monotemático, ya que las grandes productoras de contenidos audiovisuales colombianas no destinan suficientes recursos a propuestas diferentes a las narcopelículas y las comedias de siempre, lo cual se esperaba que cambiara con el precedente que dejó El abrazo de la serpiente con su nominación a los Óscar y que fue producida por Ciudad Lunar de Colombia, en coproducción con NorteSur de Venezuela, MC Producciones y Buffalo Films de Argentina, en asocio con Caracol Televisión y Dago García Producciones.

Para Argüello la solución más viable es educar al público colombiano a consumir cine de calidad e implementar políticas como el establecimiento de una cuota de pantalla más amplia para el cine colombiano. Actualmente en Colombia el tiempo que se deja una película en cartelera está regulado por el Ministerio de Cultura. Este, fija anualmente un tiempo determinado que debe durar un filme colombiano expuesto en las salas de cine. Lo que Argüello propone es establecer un margen de tiempo más largo para permitir mayor visibilidad a los productos audiovisuales nacionales. Pero esta no es una solución de fondo porque estos títulos van a seguir pasando desapercibidos para los intereses cinematográficos de los espectadores colombianos.

 

Es así, como constatamos que quienes mandan la parada en la industria del cine en Colombia son los títulos hollywoodenses, pero podría ser diferente si se brindara más apoyo al cine colombiano de calidad, desde los privados y por parte de los consumidores. Mientras tanto, hay que esperar a ver qué le depara el futuro a esta industria, que hasta el momento ha demostrado que tiene mucho potencial.

Por Spot

Un comentario en «Es hora de explotar el potencial del cine colombiano»

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