Tras la temporal suspensión de actividades en meses anteriores por la cuarentena preventiva, las micro, pequeñas y medianas empresas han afrontado una situación económica complicada. Empresas y empleados están en vilo en el municipio de Cajicá, en donde aún hay medidas restrictivas por el Covid-19, pero en donde posibles ayudas del gobierno no cobijan a los empresarios.

Elim J Alonso @elimalonso

En la crisis por la que está pasando el mundo, relacionada con el brote del nuevo coronavirus Covid-19, las medidas tomadas por los gobiernos locales, la cuarentena y el confinamiento preventivo, hicieron que muchas empresas se vieran obligadas a suspender sus actividades durante varias semanas. Algunas continuaron labores por teletrabajo; sin embargo, otros sectores no tuvieron manera de continuar labores de esta forma, pero tampoco prestaban servicios básicos. Los sectores dedicados a la construcción, el turismo, transporte o servicio automotriz;  tuvieron que suspender sus actividades y eran pocos o nulos los ingresos tanto de dueños como de empleados.

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La curva de desempleo crece; según las mediciones del DANE, para el mes de marzo, las cifras revelaban un 12,6% de desempleo en el país; mientras que el mes de mayo de 2020, la tasa de desempleo fue 21,4%, un aumento de 10,9 puntos porcentuales frente al mismo mes del año pasado (10,5%). Se han registrado cifras de desempleo que no se veían hace 20 años y se perdieron más de 5,3 millones de empleos. Según El Espectador, las cifras de pobreza también aumentarían en línea con el desempleo, a unos 53 millones de personas solo en Latinoamérica.

En el municipio de Cajicá, la cuarentena preventiva inició el 19 de marzo, aún a hoy, dos meses después, se sigue en cuarentena. Aunque se ha hecho una apertura gradual del comercio; ha habido toques de queda algunos días festivos. Sin embargo, se han presentado cierres de establecimientos que no cumplen las normas, que antes resultaban ser más restrictivas, especialmente durante los fines de semana. De igual modo, hay una normativa y todo un proceso que debe cumplir cada empresa que haya decidido retomar funciones.

Las cifras en carne y hueso

Andrés Ospina trabaja en una gran empresa dedicada a la cristalería por medio de una temporal. Asegura que a él y a varios de sus compañeros no les pagan su sueldo desde hace dos meses; solo les pagan las prestaciones sociales: salud y pensión. Las deudas y los recibos siguen llegando. Además, vive en arriendo y le siguen cobrando la mensualidad.

“A mí lo que me preocupa, más allá de mi situación, es la situación de una compañera que tiene 8 meses de embarazo. Solo le pagan salud y pensión para no desprotegerla y le dieron lo de las cesantías para darle contentillo; me parece el colmo que le hagan eso a una persona gestante”

afirma Ospina.

También agrega que les dieron algo denominado “licencia no remunerada” durante la cuarentena y que por eso explican que no les han pagado los dos últimos meses. Esto resulta ser una situación inesperada y que ha tomado por sorpresa a más de uno y a sus respectivas familias.

Oscar Hernández comenzó a trabajar desde el 3 de octubre en una empresa de manufactura de Cajicá. Comenta que le adelantaron la liquidación a él y a sus compañeros el 30 de marzo. Una vez retomaron labores, el 11 de mayo, su salario se redujo a menos de un salario mínimo mensual. Y, conforme a las quejas de los empleados, les cancelaron el contrato a él y a otros tres compañeros.

“Ahora quieren que firmemos documentos donde esas medidas fueron tomadas y aceptadas por nosotros para liquidarnos. Estamos en contra y esperamos solo que se cumplan los quince días, para saber a cuántos nos van a liquidar. Ahora estamos mirando opciones”

afirma Hernández.

Juan Pablo Contreras trabajaba en una boutique que hace parte de una gran empresa multinacional de ventas, con un contrato de aprendizaje como asesor comercial. Infortunadamente, la boutique también cerró durante la cuarentena y tuvieron que quitar la sucursal; por lo tanto, mediante una llamada, se le informó de la cancelación temporal del contrato. Dice que, por el tipo de contrato, él corrió con más suerte que sus compañeros, quienes tenían un contrato de prestación de servicios que fue finalizado.

Yohana Rueda trabajaba ofreciendo servicios bancarios y tarjetas de crédito para una multinacional. Ya no podía hacer su trabajo por el distanciamiento social y las precauciones que la gente toma al respecto.

“No tenía ya sentido nuestro cargo en el banco. Fuimos muchos los despedidos y con esta situación es muy difícil conseguir otro empleo” asevera.

La situación de Yohana resulta complicada en cuanto a que es madre soltera y ha tenido que pedir ayuda económica a quienes ella llama “ángeles”. “Hay días en los que no me dan ganas ni de arreglarme, me siento impotente, desesperada, más cuando mis hijos necesitan algo y no se los puedo dar” cuenta cómo esta situación la ha afectado emocionalmente.

Todos estos testimonios pueden dar un panorama de cómo se han visto afectadas personas de distintas características.

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 El problema de las microempresas

Enrique Dorado es un padre de familia, dueño de Servicio Automotriz El Dorado. Su microempresa tiene dos empleados y, a causa de la cuarentena, tuvo que suspender sus actividades durante 50 días. Enrique comenta que esto lo afectó económicamente, ya que los ahorros con los que contaba los utilizó para pagar cosas básicas, como productos de primera necesidad, alimentación, etc.

Además, las deudas no esperaron, ni los costos de arriendos o los servicios. Tuvo que llegar a un acuerdo para reducirles el salario a sus dos empleados. El acuerdo fue de un 30%. “Lo hice así porque, más allá de terminar contratos, todos necesitamos, y más en este momento de crisis” asegura Dorado.

En cuanto a las ayudas que el gobierno anunció, afirmó que su empresa no aplicaba, ya que el requisito exige mayor cantidad de personal. “Los bancos tampoco han hecho préstamos de dinero a las empresas con estas características, ya que la suma de dinero que pedimos no son muy grandes” dice.

El caso de Norvey Betancourt y su microempresa Radiadores Cajicá, su situación no es muy diferente a la de Enrique. Comenta que ha podido sobrevivir con un préstamo que había solicitado poco antes del confinamiento “me tocó tomarlo para poder solventar mis necesidades y las de mi familia, en este caso mis hijos y esposa” afirma. También asegura no haber recibido ningún auxilio por parte del gobierno.

Blanca Gómez, comerciante de Cajicá, dice que tanto ella, como muchas otras personas del gremio están al borde de la quiebra.

Detrás de nosotros están nuestras familias y las familias de nuestros empleados y proveedores. Personas cuya economía gira alrededor de nuestros negocios y nos sentimos tan impotentes, que no podemos hacer nada por toda esa gente”.

Esto porque, a causa del confinamiento, no han tenido la oportunidad de vender sus productos, y como  ha sucedido a muchas de las personas en estos testimonios, los arriendos no dan espera, al igual que los gastos de primera necesidad. “Si no nos mata el virus, nos mata la preocupación, la desesperanza y como no hay recursos, nos matará el hambre” agrega Gómez.

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Los artesanos tampoco se quedan atrás; este es el caso de Mariela Granados, quien es dueña de Artextil, una pequeña empresa ubicada en el centro de Cajicá, y la cual comerciaba sus productos (ofrecía manteles, cortinas y hamacas tejidos a mano) principalmente a extranjeros y turistas.  Dice que, para confeccionar sus productos necesita de la colaboración de más personas; tiene 10 empleados más y, desde el cierre por la pandemia no ha tenido ventas y, por lo tanto, detuvo su producción. Pero, más allá del confinamiento, el hecho de que su nicho esté en turistas y extranjeros, dificulta aún más el retomar su labor con ventas normales, debido a que el turismo sigue detenido en el país.

Por lo tanto, “estoy pensando en comenzar a vender productos más económicos y dirigidos a nacionales, sin bajar la calidad del producto, pero eso está en construcción” expresa Mariela.

Además, algo que también hace especial el caso de ella, es que el local donde comercializa sus productos está ubicado dentro de un centro comercial, ubicado en la zona turística del municipio, y aún, tanto los procedimientos de bioseguridad como la aprobación de apertura por parte de las autoridades, no están aprobados, reglamentados, ni son claros. “A los artesanos no nos han tenido en cuenta para nada”, termina diciendo.

Como ella, hay más artesanos que están ubicados en esta zona y también detuvieron su producción; productos especialmente comprados por turistas. Comenta que la Alcaldía Municipal y la Gobernación de Cundinamarca le hicieron unas encuestas pero que aún no se ha hecho nada al respecto. No le han dado soluciones, ni ayudas y permanece en vilo.

Rescatando la opinión de Fredy Gaitán, dueño de la microempresa Cajilujos, resulta similar a opiniones de los demás testimonios recogidos: “Considero que podrían ayudar con subsidios para el pago de servicios públicos y créditos a bajas tasas, con plazos razonables por parte de los bancos. Adicionalmente revisar las bases de datos para los auxilios que otorgan, ya que varias personas que se benefician, no lo necesitan realmente”.

Sin embargo, la Corte Constitucional tumbó el decreto 580 que tenía como objetivo subsidiar hasta en un 80% los servicios públicos durante la pandemia del Covid-19, al parecer por falta de firmas de dos ministros, hecho que resulta indignante.

Esto es solo un acercamiento que nos permite conocer la situación de empleados y empleadores. Es una situación que refleja no solo lo que sucede en Cajicá sino en Colombia en general. Es un espectro que nos ha traído la pandemia, que ha afectado a todos los sectores de la economía y se espera una recesión económica fuerte a nivel mundial. Y aunque el gobierno ha presentado varias opciones para ayudar a los sectores económicos, se evidencia que estas microempresas se han visto ampliamente afectadas, en su mayoría manifiestan no sentirse lo suficientemente apoyados.

Por Spot

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