Stefania Leon @tefa.wants.sushi

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Durante las últimas tres semanas la televisión colombiana se ha visto permeada por una novela estrenada hace más de 15 años. Claramente, me refiero a Pasión de Gavilanes, que se robó el corazón de los colombianos de nuevo, tras su regreso a la televisión en el canal Caracol. Pero ¿a qué se debe el fenómeno en redes sociales y en rating que ha ocasionado esta novela con su regreso a la pantalla chica?

 

Pasión de Gavilanes está basada en Las aguas mansas. Una novela de 1995, del guionista Julio Jiménez, que en su momento fue eclipsada por la producción más exitosa de la televisión colombiana, Café con aroma de mujer, que se transmitía a la misma hora. Este dato es relevante porque era una historia muy interesante que fue opacada en su momento, pero la segunda oportunidad que se le dio al guion, la convirtió en una de las producciones colombianas más aclamadas y reproducidas alrededor del mundo; la gavilanmanía.

 

La Gavilanmanía

Juan Pablo Shuk, que interpreta a Fernando Escandón en la novela de 2003, comenta en una entrevista que se sorprendió al ser recibido como una estrella de rock en su llegada a España. Ni él ni ninguno de quienes hicieron parte de la producción pensaron que sus carreras actorales a nivel internacional, serían fuertemente impulsadas por esta novela. Y así, actores como Danna García (Norma Elizondo), Juan Alfonso Baptista (Óscar Reyes), Michel Brown (Franco Reyes) y el mismo Juan Pablo Shuk llegaron a participar en producciones españolas, venezolanas, mexicanas y estadounidenses por la fama que recogieron con Pasión de Gavilanes.

 

La novela no solo se retransmitió alrededor del mundo. También se realizaron cuatro versiones o remakes en España (Gavilanes), México (Fuego en la sangre y Tierra de Reyes) y, hasta en Filipinas (Pasión de amor). Y en Colombia no se quedó atrás; según Rating Colombia esta es la tercera novela más exitosa de la historia en el país, por encima de producciones como En cuerpo ajeno (1992), A corazón abierto (2010) o Amar y vivir (1988). Y con su posición como el programa más visto en Colombia, durante estas tres semanas que lleva su regreso, recalca su impacto en la cultura televisiva colombiana.

 

¿Es tan buena en producción como en popularidad?

La respuesta simple es no. La realidad es que la novela, como muchas otras producciones colombianas, sufre de falencias del tamaño del mal genio de Juan Reyes. Uno de los más obvios es la cinematografía. No me malentiendan, nadie espera que una novela colombiana tenga los planos de Stanley Kubrick, pero en las escenas románticas sobreponen un filtro que parece salido de Instagram y la novela en general sufre de imágenes sobresaturadas de color. También está la sobreexplotación de primerísimo primer plano en escenas que no lo ameritan. En una conversación normal, que no tiene drama acercan tanto la cámara a la cara de los actores, que los espectadores podemos ver hasta su alma y nos sentimos incómodos. A parte de la cinematografía está el hecho de que tienen una banda sonora muy limitada; hastía escuchar las tres mismas canciones en el bar Alcalá y Fiera Inquieta es una muy buena canción, pero también se repite en todas las escenas románticas, que no son pocas.

 

También están los constantes errores de continuidad. En varios cambios de un plano a otro se perciben diferencias entre la posición de los objetos y de los actores. Otro problema recurrente es que los personajes no tienen un rumbo fijo y no se entienden muy bien sus motivaciones e intenciones. Esto se evidencia, en que los hermanos Reyes, que fueron a vengarse de la familia Elizondo, terminan casados con las hijas y no se desarrolla bien esta situación. Por ejemplo, la relación entre Juan y Norma solo se sostiene en miradas intensas entre los dos y cambia la banda sonora para que los espectadores entendamos que se aman. Esto sin diálogos que cimenten o evolucionen la relación. Por su parte, la relación entre Óscar y Jimena se siente un poco apresurada y la de Sara y Franco a veces es incómoda porque no desarrollan adecuadamente el paso del odio al amor. Pero la falencia máxima de la novela son las sobreactuaciones de parte del elenco en las escenas más dramáticas de la novela, y aunque suene extraño, precisamente estos errores hacen que Pasión de Gavilanes sea una de las mejores producciones televisivas de Colombia.

 

Pasión de Gavilanes es un meme:

Julio Jiménez es reconocido por realizar producciones pavorosas y dramáticas como La Abuela y Los Cuervos, y para la historia de los reyes de 2003 se le unió como director Rodrigo Triana, quien decidió volverla universal por medio de elementos como la música norteña; una mezcla de las culturas latinoamericanas (que tendía hacia la mexicana) y quitándole el componente histórico que poseía Las aguas mansas. Esto tuvo como resultado una historia con la cual no se identifica nadie y se pueden identificar todos. Esto inclusive permea a los actores, quienes son de diferentes partes de Latinoamérica y por eso no se entiende de donde proviene el dialecto que utilizan en la novela.

 

Según el director, decidieron combinar el drama y la comedia para no hacer un típico culebrón como a los que estaba acostumbrado el público latinoamericano, y de verdad lo lograron. Este componente universal y los errores que mencioné anteriormente se unen para crear un drama que hace reír, y ese es el éxito de la novela. En cada situación dramática se experimenta una sensación de risa por las sobreactuaciones, los diálogos cursis, la cinematografía cutre y hace que la novela sea disfrutable por su inconsciente comicidad. Además, es un hecho que el factor nostalgia de los millennials y centennials, que nos sentábamos a ver novelas con la abuela después de llegar del colegio, también juega un factor fundamental en el éxito que está viviendo Pasión de Gavilanes en Netflix y la televisión colombiana.

 

En 2003 la novela fue un boom en cada uno de los países que salió, por esa razón, duró en nuestras memorias durante tanto tiempo. Ademas las redes sociales se llenaron de memes y frases graciosas con respecto a la trama de esta novela que había salido 17 años atrás. Y también por esa razón lleva tres semanas encabezando el rating en Colombia y probablemente lo seguirá haciendo. Pasión de Gavilanes es tan popular porque es un chiste que no pretendía serlo.

 

Pasión de Gavilanes es una producción muy mala ¿y a quién le importa eso? Lo que importa es que formó parte de la infancia de muchos, se consolidó como una de las novelas colombianas más vistas y reproducidas alrededor del mundo y se ganó nuestro corazón durante cada una de sus repeticiones en la televisión. Y yo confieso que me he visto cada uno de sus capítulos durante estas tres semanas y me la volvería a ver mil veces más.

Por Spot

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