Por: Alejandra Ospina @alejamichaels

Creo que es una labor un poco compleja encontrar personas que se sientan cien por ciento a gusto con sus cuerpos y apariencias físicas. Vivimos en una sociedad en la que los cuerpos perfectos son lo primero que se consume. Cada vez son más los productos lanzados al mercado para ayudarnos a nosotros, los “simples mortales”, a mejorar nuestra apariencia, como si indirectamente nos anunciaran que tenemos defectos y que hay que arreglarlos.

Considero que todos alguna vez hemos caído en el error de compararnos con personas que vemos y creemos son más atractivas. Muchas veces lo hacemos inconscientemente; aunque lo tomemos como comparaciones positivas, a mi parecer, eso nos hace entrar en una competencia imaginaria y desgastante con otras personas por superar sus logros o sus características físicas, consideradas como bellas.

Actualmente, me encuentro reflexionando sobre el amor que sentimos por nosotros mismos como personas. La pandemia que trajo consigo la cuarentena obligatoria, nos hizo cambiar por completo las dinámicas sociales y tuvimos que empezar a enfrentar a nuestro verdadero verdugo: la mente. Muchos no estaban acostumbrados a la soledad, a la lejanía o a convivir más horas al día con sus familias y mucho menos a estar consigo mismos durante largos periodos de tiempo.

En mi caso particular, dejé de sentir la presión de “arreglar” mi cabello a diario para no lucir “despeinada” y así no enviar mensajes erróneos a la gente en la calle. Cuando los días empezaron a transcurrir me empecé a mirar con otros ojos frente al espejo, comencé a observar mis crespos con más confianza, me decía a mí misma “Ey, no están tan mal” y así poco a poco me fui informando sobre cómo mantener un cabello crespo, con volumen y alocado en su lugar. Entre más investigaba, más comprendía que no es “arreglar” o “tenerlo presentable” la clave para que el cabello luciera de una mejor manera; la realidad es que entre más tratamientos, mascarillas o acondicionadores use, la esencia de un cabello crespo o rizado es el volumen, es el aspecto llamativo y cautivador que se esconde en las hebras.

También vi casos de chicas cómo yo, que buscaban desesperadamente ayuda para darle solución al “problema” de sus rizos y hacerse tratamientos, qué a mi parecer, son demasiado invasivos. Con esto no quiero decir que esté mal querer darle una apariencia diferente a su cabello, o en general a algún rasgo específico; por el contrario, mi intención es alentar a quienes necesiten un cambio en su apariencia para llegarse a sentir plenos.

Con mi proceso he ampliado mi panorama acerca de la aceptación personal. En tiempos donde la belleza es un producto para consumir, creo que es muchísimo mejor revelarse y aceptar la belleza propia. Una característica que hay que fortalecer es el amor propio; alguna vez leí en una página que si no te amas a ti mismo entonces no vas a conseguir nunca la plenitud del amor en una relación, y cada vez lo confirmo más.

Somos nosotros mismos quienes debemos mantener esa fuerza interior, poco a poco aceptarnos, sin comparaciones y con cada vez más confianza demostrar al mundo que ser bello no es cumplir cánones de belleza impuestos, sino que por el contrario es ser uno mismo, en una sociedad llena de negatividad, envidia y resentimiento.

Mi invitación es a dedicarse un momento, (quizás después de leer esta columna) para hacer algo por su propio bien: puede aplicarse una crema humectante en el rostro, masajear sus pies, beber un buen café, escuchar su canción favorita, regalarse un momento para admirar sus pestañas o tal vez solo cerrar los ojos y agradecerle al universo por permitirle ser quien es.

Seamos felices viviendo con nosotros mismos, aprendamos a valorar cada pequeño detalle que nos caracteriza, seamos esas personas que irradian luz, empoderamiento y fuerza; ¡Hagamos del amor propio una revolución! 

Post recomendado: Happee Birthdae Harry Potter!

Por Spot

Un comentario en «¡Que el amor propio sea nuestra revolución!»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.